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Mujeres israelíes y palestinas trabajan conjuntamente desde hace años para alcanzar la paz en Palestina. En carta al Parlamento Europeo piden ser escuchadas. Ante la incapacidad de los hombres para resolver conflictos, son las mujeres quienes aportan cordura a la dura realidad de Oriente Próximo. Claman por el respeto a los derechos de todas las personas y el derecho a disfrutar de los recursos de su tierra. Quieren que sus hijos tengan estado, dignidad y derechos, no que luchen por ellos. Quieren ser escuchadas. Quieren ser semilla de paz.
Ante los atentados del 11-S, reflexionando críticamente, constatamos que no existe la seguridad total, que todos los muertos son iguales, independientemente de color, religión o nacionalidad, que no se trata de la lucha del bien contra el mal, que no hay una superioridad moral de unos, que por cierto lanzaron la bomba atómica y adiestraron torturadores y dictadores latinoamericanos, sobre otros, por muy fundamentalistas que sean, que si asesinas, torturas, desprecias, la historia te pasará factura. Según Galeano: "... fundamentalistas religiosos y fundamentalistas de mercado... comparten el mismo desprecio por la vida humana...".
El Consejo Directivo de CiJ reflexiona sobre la situación vasca. Partiendo de la afirmación de que la soberanía de un pueblo es un derecho legítimo, se afirma que este derecho no puede llevar a asesinar seres humanos. La cuestión vasca no tendrá una solución estrictamente policial. Un 50% de los vascos se consideran fundamentalmente vascos y el otro 50% españoles en mayor o menor grado. En una situación así hace falta diálogo. Más aún cuando, en los orígenes del conflicto, están las ofensas al pueblo vasco inferidas por los gobiernos españoles.