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Hay momentos en que, si nos atrevemos a ser absolutamente sinceros, los mismos creyentes podemos tener la sensación de que hablar de Dios a finales del siglo XX resulta anacrónico, "pasado". Empeñarse en seguir hablando de Dios, ¿no es sencillamente querer mantener una reliquia de un pasado que ya no es nuestro? Además, creer o no creer en Dios, ¿establece alguna diferencia en la vida de los seres humanos? Creer en Dios, reconocerle como tal, es guardar sus mandamientos, cada uno desde su situación: y su mandamiento no es otro que amar como él.
El presente Cuaderno continúa al nº 57 que apareció hace ahora cuatro años debido al gran éxito del anterior. Sospechamos que el éxito de aquel Cuaderno se debió a que, en un tipo de escritos como éste, hablan los que habitualmente no suelen tener voz.Cuando hablan los que no tienen voz, por lo general sólo pueden hablar de experiencias. Y la experiencia es lo que más nos acerca a los hombres. Al final de la lectura el lector tiene derecho a quedarse con la pregunta: ¿montaje subjetivo o camino real de salvación? Quizá percibirá también que, si se lo toma como montaje, se trata de una escapatoria bien extraña puesto que no parece liberar del dolor sino, en todo caso, capacitar para él.
Este Cuaderno intenta plasmar lo necesario que es que los cristianos del cambio de milenio adquieran una conciencia más honda y vital de lo que significa el don del Espíritu. Lo que hace falta para transformar la Iglesia y la sociedad es permanecer atentos a lo que el Espíritu comunica a las Iglesias dejándonos guiar, sin recelos ni resistencias hacia donde él nos indique. Sólo desde la fidelidad al Espíritu de Dios nuestro mundo podrá ser transformado y verdaderamente salvado. A través de sus páginas, el autor va desgranando la esencia del Espíritu, fuente de vida.
El presente Cuaderno es provocativo. Algunos lo consideran parcial, desmedido en su contraposición entre lo que el autor llama la espiritualidad espacial (que denuncia como evasiva) y la espiritualidad simpática (con la que el autor simpatiza). Que la incomodidad que estas páginas puedan provocar a algunos ayude a ajustar todo aquello que anda desajustado en nuestra búsqueda de Dios, y que nos ayude a verificar que esta búsqueda nos lleva –con la misma pasión– a la búsqueda de los hermanos más injustamente tratados. Por su parte Cristianisme i Justícia desearía que el lector situara este Cuaderno en el horizonte de tres Cuadernos recientes, el del diálogo interreligioso (n. 97), el del Tercer milenio como desafío a la Iglesia (n. 91) y La espiritualidad del Servidor (n. 96 cap. 6). Los tres analizan también la inquietud del actual Cuaderno y tratan de resolverla en diálogo con el mundo y con las religiones.
El autor en este cuaderno aborda un complejo problema. El de la fe, la creencia, y su interrelación y crisis que se vive. La búsqueda de Dios, el amor, la libertad o el rostro de Jesús irán apareciendo a medida que el lector vaya leyendo estas páginas en las que de forma muy sencilla y cercana se podrá entrar en un diálogo interno de discernimiento que ayude a avanzar a todos aquellos que alguna vez hayan tenido un sentimiento de ateísmo como el que tuvo Mª Ángeles.
El autor quiere a través de este Cuaderno comunicar sus reflexiones e imágenes que le sirven para pensar y gozar del Cielo. En sus palabras, no es más que la vida en plenitud del Reino de Dios, más allá de nuestra historia, del espacio y del tiempo en el que vivimos nuestra vida biológica y su relación con nuestra tierra. Al fin y al cabo, preguntarse por Cielo no es otra cosa que preguntarse por el sentido y el destino último de todo esto que conocemos.
La intención de este cuaderno es reflexionar sobre hasta qué punto los valores fundamentales de la condición humana siguen transmitiéndose a través de nuevas mitologías, aunque varíen los argumentos y los nombres de los personajes. Y como el cine se ha convertido en el difusor más importante de mitologías que transmiten los códigos de comportamiento de nuestra cultura, nos centraremos en este medio. Más particularmente analizaremos cuatro grandes superproducciones: El Señor de los Anillos, Harry Potter, La Guerra de las Galaxias y Matrix. No las hemos elegido por su calidad cinematográfica -que aunque espectacular, podría ser discutible-, sino porque han sabido llegar al gran público y están configurando el imaginario de las nuevas generaciones.
Este cuaderno se inicia con un testimonio real. La Carmen perdía a su marido en un incendio en la vivienda familiar y, a su vez, sus hijos entraban en una espiral de drogas y marginación hasta llegar a un psiquiátrico. Las páginas que ahora comentamos tienen la sencilla pretensión de convertirse en una reflexión teológica que permita comprender cómo Dios está presente en este tipo de historias que, a menudo, son denominadas como infiernos. El acceso a estas historias bien podría llamarse descenso. El sufrimiento que hombres y mujeres sufren en los infiernos supone una interpelación profunda para todos y, especialmente, para los que pretendemos seguir a Jesús de Nazaret.
Dorothy Day es posiblemente la figura más importante del catolicismo norteamericano del siglo XX, aunque no es demasiado conocida en nuestro ambiente. Su vida compartida junto a los pobres y su compromiso con la noviolencia activa le granjearon tantas críticas como alabanzas. Siempre fiel a la Iglesia y contundente contra el capitalismo, no todos los católicos americanos la comprendieron ni compartieron su posición. Mujer laica, madre, abuela, trabajadora, revolucionaria y profundamente religiosa, Dorothy ofrece un modelo de vida para estos lances iniciales del siglo XXI.
El origen de este cuaderno tiene lugar en el seminario “Esperar en un mundo sin fe”, que se impartió en Cristianismo y Justicia. Aquí ofrecemos el redactado de lo que fueron unos apuntes más amplios del seminario. El tema se plantea desde seis perspectivas diferentes. A lo largo del texto, uno se da cuenta del ansia de superación del ser humano, que alimenta la esperanza de un mundo mejor y la ilusión del regalo de Dios al hombre: la promesa del Reino.