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El interés por el acompañamiento espiritual, en formas muy variadas, es un fenómeno creciente. La perspectiva en que se mueve todo este cuaderno es el del acompañamiento en la vida cristiana, en el seguimiento de Cristo, pero, sin duda, mucho de lo que se dice en él puede ser de utilidad para otras prácticas de acompañamiento, siempre que se trate de ofrecer un apoyo profundamente humano.
El acompañamiento personal, tal y como lo plantea el autor de este cuaderno, se inscribe en el contexto de lo que antes llamábamos dirección espiritual. En el fondo se trata de un encuentro entre dos soledades, que no renuncian de ningún modo a la propia soledad, ni quieren huir de ella, sino que la quieren plenificar para enriquecer de sentido el vivir, para convertirse en “creadores” a imagen de Dios.
¿Hablamos de acompañamiento o de dirección espiritual? ¿Qué diferencias hay entre una y otra concepción? ¿Cómo acompañamos temas tan delicados como la culpa y el pecado? Este cuaderno es la segunda y última parte del que se publicó hace unos meses. Con ellos el autor ha intentado responder a cuestiones básicas que ha de afrontar la persona llamada al ministerio, cada vez más necesario, de acompañar las personas en su búsqueda de la voluntad de Dios.
El Centro Cristianisme i Justícia quiere, en los días del cambio de año, dar a luz el presente Manifiesto. Otras veces aprovechábamos estas fiestas para reflexionar sobre las tareas y los retos pendientes para el año nuevo. En este caso, el presente escrito afronta uno de los desafíos más serios que tiene hoy ante sí nuestra Iglesia, y que constituye un reto no sólo para el próximo 1988 sino para todos los años futuros. De ahí que el cuaderno deba ser leído como expresión de las líneas de referencia para el Centro. La identidad cristiana se ve seriamente amenazada si ante el desafío de la secularidad moderna se reacciona sólo con intentos de “retorno a lo sagrado”. Lo primero que deberíamos preguntarnos es qué es lo realmente sagrado desde una óptica cristiana. Y la respuesta no ofrece demasiadas dudas: para el Dios que nos ha manifestado su solidaridad con los hombres -singularmente con los débiles y marginados- hasta dar la vida por ellos, son más sagrados esos hombres que todos los actos religiosos y que todos los tiempos de oración o los lugares y ceremonias de culto.
Presentar a San Ignacio como un mistagogo – en la cultura Helénica, era aquel que iniciaba, que introducía a los fieles en el Misterio – implica distinguir los dos momentos de todo proceso iniciático: el propio recorrido del mistagogo, su aprendizaje hasta convertirse en maestro, y después, la pedagogía que ofrece para iniciar a los demás. Sus pasos trazaron un camino y éste es el que nos disponemos a recorrer, después que ello empezara hace ahora quinientos años. Les invitamos a leer este Cuaderno acompañando en sus pasos al Peregrino.
"El que quiera salvar su vida la perderá y el que la pierda por Mí y el evangelio la salvará" (Mc 8,35). Esta frase es una paradoja frecuente en Jesús, quien proclama bienaventurados a los pobres y a los que lloran, pero no porque pobreza y llanto sean criterios de dicha, sino porque ellos son (y serán) poseedores del Reinado de Dios y de la risa definitiva. Aquí tenemos otra vez paradoja y apuesta. Las páginas que siguen intentan desentrañar un poco esa paradoja y esa apuesta.En una primera parte vamos a buscar diversos accesos, todavía no creyentes, al ser humano, para mostrar cómo la paradoja o la contradicción brotan constantemente del hombre. En una segunda parte se intentará leer creyentemente la paradoja humana, hasta la suprema contradicción entre justo y pecador, y hacia la apuesta práxica por la liberación de esa contradicción, en la armonía trascendente de todas las paradojas del hombre.