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«El cristianismo debe dar razón de su esperanza a quien que se lo pida, sean cuales sean las circunstancias históricas y el estado de ánimo con el que culturalmente afronte su futuro. Pero en ningún caso sus características, favorables o no a la esperanza intrahistórica, pueden condicionar el contenido de la virtud teologal de la esperanza, pues depende exclusivamente de la Promesa de Dios». Es de esta esperanza cristiana y de sus razones sobre lo que nos habla F. J. Vitoria en este delicioso cuaderno, un cuaderno que puede darnos un poco de luz en tiempos de incertidumbre y oscuridad.
“Tres vectores: los estudios y las mediaciones naturales para el apostolado; las relaciones humanas y las amistades, como forma de apostolado; la espiritualidad y el apostolado, formando una unidad íntima. Todo esto es el legado que nos deja Ignacio, el peregrino, durante los dos años de Barcelona, una estancia preparada por una más breve que duró solamente tres semanas. Por esta razón, parece que este legado es una llamada al agradecimiento a Dios por cómo modeló el carisma ignaciano en esta ciudad y una interpelación a nosotros, llamados a vivirlo en una sociedad tan diferente quinientos años después. La obra que presentamos es una modesta ayuda para asimilar el legado ignaciano: tomar más conciencia de lo que significó para el peregrino Íñigo su estancia en la ciudad condal y, así, prolongarlo en nuestras vidas”. Del prólogo de Josep M. Rambla SJ.
Ciudadanos de esta ciudad, peregrinos hacia otra ciudad definitiva. Hay afirmaciones que solo llegan a ser verdaderas si las enunciamos como tensión de dos palabras: amor y justicia, acción y contemplación, libertad e igualdad, sujeto y comunidad, bien de todos y de cada uno, subsidiariedad y solidaridad. Omitir una de dos sería falsear la afirmación. En estos Apuntes el autor propone cómo vivir nuestra fe en un mundo como el nuestro sin caer en el fundamentalismo sectario pero sin disolverse en una mundanidad espiritual posesiva, individualista o depredadora.
El segundo número de Apuntes de espiritualidad quiere ayudarnos a afrontar el convulso tiempo actual, alejándonos tanto de la ingenuidad como de la resignación. Partiendo de un interrogante que a menudo nos habremos planteado: ¿es la esperanza un sinónimo de optimismo?, nos muestra como, más allá de esta predisposición natural, en el corazón de toda persona habita la esperanza. Un esperar que implica relación, siempre esperamos algo, esperamos en Alguien. Los Apuntes nos describen qué significa por los cristianos poner nuestra esperanza en Dios y en Cristo.
Las interpretaciones de Víctor nos ofrecen luz para descifrar los enigmas que nos afectan actualmente de hechos y situaciones muy diferentes. Con todo, su mirada lúcida y su aguda interpretación se convertirán también para nosotros en una lección y una iniciación a la lectura de los signos de los tiempos y de nuestra realidad para movernos con más claridad en medio de las siempre inéditas situaciones en que necesariamente nos encontraremos. Porque, como nos exhorta Víctor, «hay que recuperar el Espíritu», y él mismo nos enseña a descubrirlo como Espíritu que sigue actuando hoy y siempre, pero «desde abajo». (Del prólogo de Josep Ma Rambla)
El título de este cuaderno junta dos palabras, democracia y cultura, que se apoyan mutuamente como caminantes extenuados en mitad del camino. El cansancio de la primera palabra se debe a que designa una realidad desfigurada, erosionada en sus cimientos por la globalización económica, el poder de las grandes empresas, la tecno-política y el populismo. La segunda, porque ha perdido fuelle crítico y utópico al pasar de ser un noble ideal y un antídoto contra el poder a ser su vasalla. A pesar de esto, el autor defiende que la belleza y el arte no pueden medirse en términos de utilidad o no utilidad, y que hay una conmoción ante lo bello que se puede vivir como anuncio de un mundo mejor.
Las creencias se tornan visibles —expresándose en ideas o acciones— cuando un individuo o una comunidad se someten a acontecimientos que las hacen tambalear. La hipótesis de este cuaderno es que el coronavirus ha hecho que las creencias occidentales contemporáneas se tambaleen y se ha convertido en un espejo en el que estas creencias han quedado reflejadas. Creer en la naturaleza, creer en la humanidad, creer en Dios o no creer, han sido reacciones diversas que se han puesto de manifiesto durante esta sindemia.
Pocas personas como el jesuita Víctor Codina tuvieron la suerte de vivir y participar de una forma más intensa del Sínodo de la Amazonía que el Papa Francisco convocó en 2017, se celebró en Roma el 2019 y concluyó oficialmente en febrero de este 2020 con la publicación de la Exhortación apostólica post-sinodal Querida Amazonía. Desgraciadamente la pandemia dejó en suspenso la recepción del Sínodo, y es por esta razón que el autor recupera su experiencia, convencido precisamente que de los resultados del Sínodo surge una llamada a vivir este mundo postpandémico en clave de esperanza y conversión. Una conversión que es integral porqué es a la vez social, cultural, ecológica y eclesial.
En Europa asistimos a un verdadero colapso de la fe cristiana. En relativamente pocas décadas, se ha pasado de una sociedad europea de raíces y de cultura cristiana a una sociedad donde el cristianismo es culturalmente irrelevante. En este cuaderno el autor, después de analitzar esta crisis, explora las condiciones de posibilidad de debería tener una nueva iniciación cristiana. Una reiniciación realitzada desde abajo, desde los pobres, desde la historia de la pasión del pueblo, desde de la gran mayoría de la humanidad.
El autor propone en esta reflexión diez motivos que justifican la implicación de las religiones en el debate medioambiental. Son motivos que ofrecen tanto claves de lectura de las declaraciones religiosas de los últimos años como estrategias para la transformación personal, institucional y social. Se trata de la dimensión profética, ascética, penitencial, apocalíptica, sacramental, soteriológica, mística, sapiencial, comunitaria y escatológica que atraviesa la experiencia espiritual de la humanidad. La articulación de estos diez elementos permite esbozar una propuesta medioambiental de carácter interreligioso.